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martes, 21 de julio de 2015

La lucha por el éxito

Inicio aquí algo que prometiera hace ya tres anos, una serie de comentarios sobre el éxito, y en particular, el éxito económico como meta del hombre, altamente deseable y por la cual batallan si tregua los modernos cavernícolas casi con las mismas armas de antaño.
Pataleta ante Obama
Desde los orígenes de la humanidad, el hombre inserto en una sociedad, sea ésta rudimentaria o desarrollada como la actual, siempre se ha visto fascinado por alcanzar posiciones de destaque entre sus pares o contemporáneos, Hay algo en nosotros mismos que nos mueve a sobresalir. Ya desde bebés es posible observar cómo éste descubre formas de conducta que atraen y mantienen la atención de los adultos de su entorno, a las cuales hace uso para incluso manipular las respuestas de dichos adultos para mantenerse en el centro de las atenciones y no quedar relegado a un lugar secundario que conllevan a la monotonía y el olvido. El fracaso es impensable, marcante,  nos expone al hazmerreir, al bulling social; situaciones que muchas veces se traducen en graves disturbios sicológicos que llevan al individuo a la frustración, el desespero, la depresión y muchas veces al suicidio.


Las formas o métodos de los cuales el hombre se vale para llegar y mantenerse en lo alto del podio varían según la sociedad y particularmente según el área en que dicha posición se inserta. En el área militar, se legitima la violencia contra el enemigo y válida incluso su destrucción total.  Cuando se carecen de argumentos  racionales o lógicos para vencer y ejercer supremacía o dominio, el uso de la fuerza es el recurso obligado para tales individuos. Sea que se refiera a grandes grupos como una nación, pasando por los intermedios y llegando a ser notoria y evidente en los pequeños como la familia nuclear o el grupo de pares, como por ejemplo, la pandilla de la esquina,  Es cierto que muchas veces el líder suele ser aquel que entrega las mejores estrategias o soluciones a los problemas del grupo, pero cuando ello fracasa, la imposición por la fuerza o el matonaje se abre camino para hacerse con el poder. Cuando se carece de alternativas que garanticen el ascenso mediante el uso de la fuerza, otras estrategias surgen, la maquinación oculta, las alianzas con personas o grupos descontentos, la manipulación sicológica o social, siendo para ello válidos el uso del rumor, la distorsión de la realidad, la mentira y la magnificación de hechos de poca relevancia, entre otros. Pero no todo es perjudicial o malo en la lucha por el éxito, Hay estrategias y elementos válidos y altamente beneficiosos para nuestras sociedades, que hacen del éxito de sus miembros aportes de gran peso en el avance y desarrollo de las mismas. De ello nos ocuparemos más adelante.


¿Qué es lo que nos mueve a luchar por dichas posiciones? No cabe duda que existe una necesidad básica que procura ser satisfecha, ella es el deseo de ser reconocidos, de ser tomados en cuenta, de tener al menos la ilusión de que somos  agentes de nuestro propio destino. Tiene también responsabilidad en ello, las motivaciones sean internas o externas para alcanzar nuestras metas.  


En el ámbito sindical, es notorio algunos liderazgos que se caracterizan por ejercer presión para conseguir beneficios, privilegios y aún prebendas.  cuando lo correcto en un liderazgo sindical positivo es la capacidad de negociación de sus dirigentes para probar, demostrar y convencer; mediante el uso de razones lógicas y fundamentos sólidos a la contraparte para que ésta acceda, valide y legitime sus demandas. Sin embargo más a menudo de lo que  debiera vemos como pseudos líderes se dedican a manipular a sus dirigidos para ejercer presión llegando incluso a exigir sus demandas a los gritos, palos, pedradas, saqueos, rompimiento de sillas, ventanas o vitrinas y hasta el uso de bombas incendiarias y otras manifestaciones de violencia para alcanzar sus fines. Esto se repite también en muchas de las relaciones de dirigente seguidor, o líderes y dirigidos, y se da fundamentalmente cuando quien ocupa posiciones de liderazgo  carece de argumentos o por sus limitaciones no da con ellos para lograr ser escuchado, ser creído, respetado y digno de confianza por parte de sus dirigidos como por aquellos que componen la parte contraria en la negociación. Lo peor es que tales líderes limitados muchas veces consiguen sus demandas mediante tales presiones, validando con ello marcos legales deficientes y liderazgos políticos poco adecuados, no estoy con esto defenestrando el derecho a huelga ni al de manifestarse ordenada y pacíficamente. Quien gritonea, ofende, agrede físicamente y destruye, es porque carece de argumentos lógicos y sólidos para ganar su batalla.  El buen líder, que alcanza legítimamente tal condición, es aquel cuyos postulados, argumentos y estrategias se imponen por la fuerza de la razón, porque además es capaz de aceptar sus errores, enmendarlos y tomar de sus secuaces y  aún de sus contrarios, aquello que es útil para su causa y la de sus seguidores. Como dije en algún comentario por ahí: movilizar los corderos es actividad propia de pastores en el campo y de sus perros adiestrados. Quien tal se conduce, no puede ser catalogado como líder, por el contrario, es un antilíder, un ególatra capaz de sacrificar a sus dirigidos con tal de subirse al podio, mantenerse en la cima, y alcanzar sus mezquindades. Lamentablemente, de estos últimos están llenos nuestros congresos, nuestros gobiernos y la clase política  en general. Tal proliferación alcanza también otras instituciones como  las policías, los servicios de control  tributario, medioambiental, y se esparce también hacia el ciudadano común, que haciendo uso de tales tácticas desleales y aún ilícitas, logra encaramarse por encima de sus competidores.


Siempre hemos creído que antiguamente, se recurría a prácticas como la hechicería, la religiosidad falsa y ocultista para llegar a ser un individuo exitoso, aniquilando a los adversarios y a quien pudiera oponerse u obstaculizar el ascenso social, político o militar. Cuán errados estamos, pues hoy tales prácticas están más vivas que nunca en ciertos grupos que hacen de ellas sus artimañas predilectas para conseguir sus propósitos. Conocido es el caso de la ex-esposa de un ex-presidente de Brasil (Fernando Collor), quien habiéndose convertido al cristianismo reveló cómo su  ex marido recurría a tales hechicerías, en la esperanza de conquistar sus propósitos y anular o superar los obstáculos que se lo impedían. (1) . Pero ello no sólo se refiere a altos políticos como el caso relatado (Collor de Mello), sino que es práctica común en un amplio sector de la población de este País y asumo que también lo es en muchos otros países.  Recuerdo  que por razones de trabajo, solía pasar caminando por la calle que rodea la parte occidental del cementerio de Nueva Odessa, (una ciudad y municipio en el estado de São Paulo), y en varias oportunidades pude observar pollos negros muertos junto a otros objetos. En principio, no relacioné tales observaciones con magia negra, sino que mucho más tarde me enteré que  tales sacrificios (ofrendas sacrificiales) eran parte de rituales de magia negra que simples ciudadanos o vecinos del sector practicaban para conseguir objetivos ocultos. Conducta que se repite en muchas otras partes de este gran país. Una cosa es cierta. tales conductas ocultas no son garantía para alcanzar oscuros o inconfesables deseos.


Parece increíble, en pleno siglo 21, en la llamada era del conocimiento, tanto que dicho conocimiento, particularmente el científico sumado a su aplicación en altas y sofisticadas tecnologías nos llevan a pensar que hemos superado la ignorancia  y la credulidad en fútiles conductas, vemos que por el contrario, permanecen, proliferan, y son abierta o indirectamente difundidas por una prensa y/o medios de difusión con apariencia de seriedad y prestigio. Es cosa de leer las secciones de astrología y los avisos clasificados y hasta los afiches colgados de los postes de alumbrado, o pegados en los muros y nos encontraremos con una abundante oferta de servicios para ver el futuro, quebrar o realizar trabajos (maleficios), conseguir empleo, amor, fortuna, entre otros.


Para alcanzar el éxito, el vale todo impera. De dicho deseo se aprovechan muchos timadores, Pero en la realidad, son muchos más quienes resultan timados o chasqueados para beneficio y beneplácito de los primeros.




  1. También en mi comentario sobre la corrupción, en la sección Éxito-fracaso, el lector puede encontrar otras asertivas expresiones que complementan esta primera parte sobre El Éxito: http://djoaoninguem.blogspot.com.br/2012/01/tipologias-de-la-crorrupcion.html