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sábado, 16 de mayo de 2015

Diálogo de sordos



No sin dolor y estupefacción, me enteré del asesinato de dos jóvenes (comunistas, según lo que he leído en la prensa) en Valparaíso durante una marcha de estudiantes en pro de conseguir para Chile y los chilenos, una educación más inclusiva y justa. También he leído las muchas reacciones de personeros destacados del "jet set" criollo, incluido la indignación de Bachelet y también del psicólogo Benito Baranda. Todos junto con condenar tal acto irracional cometido por otro joven quien de un momento para otro se convierte en asesino. La respuesta fácil sin duda es condenar, indignarse, despotricar desaforadamente y con justa razón, como lo hizo la madre de una de las víctimas que no se ahorró garabatos para calificar a ese otro jovenzuelo que cercenó la vida de su hijo, sus luchas, sus sueños. 




Benito Baranda se pregunta desde su palco militante ¿Cuánta ira tenemos que tener para disparar a quemarropa frente a dos vidas que recién empiezan, cargadas de sueños e ideales? ¿Qué le hicimos como sociedad a ese joven que en cosas de segundos se convirtió en asesino de dos inocentes? Cualquier intento para entender las conductas del prójimo, pasan necesariamente por la necesidad de ponernos en el lugar de aquel, y en este caso de aquellos. Culpar a la sociedad por las conductas de sus individuos tiene sus graves riesgos, ya que el mal de muchos suele ser el consuelo de los bobos, como bien reza el adagio popular. No cabe duda que la sociedad como un todo tiene sus culpas, como el fomento del individualismo donde el próximo solo es importante a la hora de servir como puente o escalón para alcanzar los propios ideales o metas, generalmente plagadas de hedonismo y de querer “ser más”, curiosamente, más que nuestros prójimos. Pero, si fuese esa la causa más importante, tendríamos que lamentar muchísimos otros casos similares, afortunadamente los hechos aislados desmienten esa tesis. No sé los detalles, aparte de lo informado por la prensa, pero no cabe duda que además de “puro idealismo” en dichos jóvenes asesinados habían otras conductas deleznables que provocaron esa ira irracional de ‘quien es ahora “su asesino”. Intentar tapar el sol con una criba no suele ser muy efectivo. Junto con indignarnos por la violencia criminal a la que asistimos debemos también indignarnos y condenar esa conducta recurrente de ciertos jóvenes militantes de “meterse entre las patas de los caballos” como diríamos en lenguaje campesino. Esto es, atentar contra el derechos de los demás, ya sea haciendo rayados sobre muros ajenos sin el permiso de sus dueños, o ensuciándolos con afiches y, en otros casos, quebrando ventanales, semáforos, apedreando policías,  etc.  A ningún vecino le hace gracia que le ensucien su muro en el que ha gastado esfuerzos y dinero para mantenerlos limpios y bien pintados para beneficio del barrio y la ciudad. Se puede ser idealista y luchar por lo que consideramos justo, pero no podemos amparar en dichas luchas el vandalismo y el desrespeto a los demás. Sin lugar a dudas hoy el partido comunista chileno tendrá dos nuevos mártires a quien cultuar y homenajear, ignorando su responsabilidad al fomentar conductas inapropiadas. Pero bien sabemos cómo se “cuecen las habas” en dicha tienda, de esconder responsabilidades y sacar provecho de víctimas inocentes de sus tácticas. Nunca van a reconocer el genocidio que han cometido a fin de conseguir sus aspiraciones de asalto al poder para imponer sus tiranías (de los hoy disfrazados de demócratas), como es el caso de los 36 millones de muertos por hambre, opresión o torturas en China, durante el Gran Salto hacia adelante de Mao (hay quienes dicen que son 100 millones, véase los enlaces al final); sin contar las millares (entre 15 a 20 mil) de víctimas del Kmer Rojo en Camboya de las cuales sólo 9 lograron sobrevivir, ni las ocurridas en Rusia, Cuba, y de las que ya comenzamos a conocer en nuestra vecina Venezuela, entre otras muchas.





Imagen tomada de internet
No es menos cierto, que un agravio menor como el que nos ensucien el muro, puede justificar el asesinato. Si fuésemos cuerdos, hubiera bastado un simple diálogo entre las partes. Pero ¿qué diálogo se puede entablar con un drogadicto?. Parece ser que “la cosa” es aún más seria, dichos jóvenes idealistas habrían rechazado el diálogo con el dueño del muro, por lo que insistieron en su empeño de ensuciarlo. Y fue entonces que apareció ese joven exaltado, usuario de drogas, para “apoyar” a su padre y con un arma en su mano. (Esto es lo que deduje después de informarme en diarios electrónicos). Triste espectáculo de la intolerancia humana, de la incapacidad de dialogar, de la manía de creernos con derecho a hacer lo que bien nos dé la gana, Unos para quedar como reyes ante sus pares de camisas o corbatas rojas, y el otro, en el limbo provocado por la humareda de sus auto-libaciones. Solo cabe lamentar una vez más tal diálogo de sordos, junto al dolor que sumaron a sus familias.

Enlaces relacionados:
1.- http://www.elmostrador.cl/opinion/2015/05/16/muerte-insoportable-que-no-nos-falle-la-memoria/
2.- http://archivo.larepublica.pe/06-01-2013/secretos-de-la-hambruna-que-provoco-mao-zedong
3.- http://www.abc.es/internacional/20140808/abci-jemeres-rojos-crimenes-201408081636.html
4.-https://www.epochtimes.com.br/quanto-voce-sabe-sobre-horror-grande-fome-mao-tse-tung/#.VVezLyGqof4
5.-https://www.epochtimes.com.br/nove-comentarios-partido-comunista-chines-capitulo-7/#.VVeyiyGqof4