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domingo, 25 de agosto de 2013

I'm a dream...

I’m a dream…
Yo tengo un sueño…


Ayer, sábado  (24 de agosto), la minoría negra de Estados Unidos conmemoró los 50 años de aquella famosa marcha liderada por el pastor Martin Luther King, por la defensa de los derechos civiles de dicha minoría. La historia después de pasado este primer lustro,  y pese a que dicha lucha le costó la vida, nos muestra que el sueño de King, aún no se ha hecho realidad. Que se ha avanzado es innegable y, aunque aparentemente ante la ley parece que se ha alcanzado igualdad de derechos, en la vida cotidiana de las minorías raciales en U.S.A. aún se ven recargada de prejuicios y en la práctica la igualdad de oportunidades resulta en muchos casos un mero clisé. Por ello, los pocos líderes negros que han alcanzado altos puestos en dicho país como por ejemplo el alcalde de Newark (New Jersey) Cory Booker quien es además candidato demócrata al senado, dijo en esta oportunidad, en  la misma plaza donde Martin L. King pronunciara su célebre discurso, esto es frente al monumento de A. Lincoln, en la gran explanada del centro de Washington que: “Nuestra generación no puede quedarse sentada disfrutando de los méritos y las glorias pasadas”, indicando con ello que la lucha por el sueño de King aún está vigente porque resta  mucho por ser alcanzado. A su vez Eric Holder, el primer fiscal general negro de dicho país, agregó que: ”La marcha de hoy no es para recordar el pasado. La América que King soñó hace 50 años aun no se ha hecho realidad, pero 150 años después de la emancipación, está a nuestro alcance”.
Este aniversario nos hace recordar que nuestras responsabilidades  por alcanzar esa sociedad más justa igualitaria e inclusiva, no pueden perder vigencia y nuestra actitud de lucha  no debe jamás relajarse con la droga del conformismo, del confort, del progreso y particularmente de vivir en medio de la revolución tecnológica que lleva a muchos a caer en la tentación de dormirse con las metas deseadas hoy como el ser más, y particularmente: “ser más que mi prójimo”, sin importar de que medios me valgo para alcanzarlas. Sobre todo, basadas en el egoísmo o mejor, en el individualismo egocentrista, que genera envidia, malestar y úlceras nerviosas en muchos cuando ven que sus prójimos escalan posiciones más altas. Esto, porque no solo los negros han sido y son hoy en muchas partes del globo postergados por los grupos  de poder liderados por individuos que se atribuyen racialmente mayores prerrogativas, que aquellos de otras razas, o bien de otra condición social, como lo son sus vecinos que viven en los patios traseros de sus fincas, o bien,  en las periferias pobres de las urbes modernas, o recluidos en minúsculos pedazos de tierras infértiles por la sobreexplotación y  sobrepoblación después de innúmeras divisiones generadas por la herencia, como lo son los mapuches en el sur de Chile.  Si, no se debe bajar los brazos para avanzar en pos de dicho sueño, pero ese sueño debe conseguirse tal como King lo enseñaba con su ejemplo, “sin violencia”,  sin odiosidades, sin descalificaciones, sin pretender que somos propietarios de única verdad y la última palabra y que por lo mismo, debemos estar dispuestos a  encontrar respuestas consensuadas para resolver nuestra diferencias de modo que se respete el derecho de todos por sobre los privilegios de algunos.
Hoy vemos  con preocupación cómo se  conducen las luchas por mayores libertades o mejores condiciones, la violencia se ha tomado las calles y los espacios públicos no son respetados ni se hacen respetar por quienes debieran. Ocupar, destruir, quebrar, quemar,  y hasta robar y asaltar parece estar permitido e identificado con el legítimo derecho a disentir, protestar y manifestarse en pro de una causa  justa. El resultado es un diálogo de sordos donde lo único que se cuenta es la cantidad de detenidos, de muertos y heridos o apaleados, sean manifestantes o miembros de las fuerzas de orden y seguridad.
Martin Luther King, al igual que Nelson Mandela o Mahatma Gandi, nos ha demostrado que es posible conseguir mucho más  con una conducta serena, despojada de odios y libre de la violencia que a nada bueno conduce.

Concluyo este comentario con otra frase de King, “nadie se nos montará encima, si no doblamos la espalda”. A continuar entonces la lucha por ese mundo mejor que queremos, pero recuerde, debemos comenzar por casa, con firmeza y constancia, no mienta, porque sus hijos aprenderán a mentir, no haga acepción de personas, sea tolerante, respete y escuche y con certeza será respetado y escuchado, no maquille su declaración de impuestos, cuando le cobren una infracción de tránsito, no intente sobornar al policía, pues sus hijos aprenderán a ser corruptos, no se atribuya más valor que su prójimo, aunque el tal sea un pordiosero o un analfabeto o alguien cuyo color de piel sea distinto del suyo. He hallado más sabiduría en humildes campesinos que en empingorotados y fatuos intelectuales.